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Transformación digital del sector agroalimentario

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La introducción de nuevos paradigmas de digitalización en nuestro entorno económico y social supone una constante en los últimos tiempos. Conceptos como las Smart Cities, Internet of Things (IoT) , Big Data o Industria 4.0, hasta hace no mucho desconocidos, reciben cada vez más atención por parte de la prensa, medios especializados, poderes públicos y empresas. Se trata de aprovechar las ventajas y beneficios que el uso de la tecnología genera en nuestras relaciones sociales y económicas. Incluso sectores de la economía tradicionalmente reticentes a la implementación de nuevos estándares tecnológicos en sus procesos de negocio, han decidido cambiar esta tendencia y subirse al carro de la innovación.

El sector agrícola, ganadero, y por extensión la industria agroalimentaria, suponen ya un escenario idóneo donde aplicar estos conceptos tecnológicos, como el Internet de las Cosas y el Big Data. Tenemos que familiarizarnos con un nuevo término, el Smart Agro, que aglutinará todas las estrategias de innovación y digitalización en un sector clave para nuestra economía, y que apoyará los procesos de innovación en la producción y distribución de alimentos.

Por arrojar unas cifras que nos permitan dimensionar en su justa medida la importancia del sector agroalimentario en nuestro contorno económico y social, cabe decir que constituye, a nivel europeo, la principal actividad de la industria manufacturera. En Andalucía, la agroindustria es un sector de primera magnitud en su economía donde 5.200 agroindustrias constituyen el 19% del total de las industrias andaluzas, emplean a más de 47.000 personas y generan un valor de 12.849 millones de euros. El balance de las exportaciones indica ratios de crecimiento del 65% en los últimos 10 años.

El sector se enfrenta a diversos retos, de gran calado, en el que las nuevas tecnologías supondrán una ayuda fundamental. Mayor eficiencia en los procesos, trazabilidad y vigilancia inteligente de la cadena de valor agroalimentaria, seguridad alimentaria, incorporación de la experiencia de los consumidores y reducción del impacto medioambiental son, a grandes rasgos, algunos de estos retos y para afrontarlos, la UE ha decidido incentivar y apoyar todas aquellas iniciativas que ayuden al sector a cumplir con esos objetivos. El Internet de los alimentos y las explotaciones agrarias (IoF 2020) o la plataforma RIS3 sobre trazabilidad y Big Data (coordinada por las regiones de Andalucía y la Emilia Romagna) son un buen ejemplo de esta voluntad por parte de la UE de apoyar este nuevo paradigma.

La revolución económica y social en materia de innovación que va a suponer el IoT afectará, de lleno, al sector agroalimentario. Multitud de dispositivos conectados permitirán mejorar la recolección, procesamiento y análisis de datos, y tecnologías de automatización en toda la cadena de valor agroalimentaria.

El valor añadido que las redes de dispositivos inteligentes aportan a cada una de estas fases es inestimable. La monitorización en la fase de cultivo otorga la posibilidad de conocer en tiempo real la necesidad de agua, de nutrientes y de fitosanitarios para los cultivos, permitiendo actuar de manera inmediata corrigiendo desviaciones para optimizar cosechas y hacer un uso sostenido de la energía, del agua y de los nutrientes. Conceptos estos últimos clave, ya que se persigue entre otros hitos reducir las huellas de carbono, química e hídrica, para que el impacto medioambiental que la actividad agroalimentaria genera, tienda a minorarse y ser cada día más sostenible y competitiva.

Este despliegue de dispositivos en entornos agrícolas y rurales se sustentará en nuevas infraestructuras de comunicaciones y permitirá tanto transmitir datos como enviar órdenes a dichos dispositivos. El reto que plantea este escenario a las TIC´s es, como en el resto del universo IoT, la definición de un estándar de comunicación entre los distintos recolectores de datos, capaz de generar un patrón de redes inteligentes que garantice una conectividad segura y estable. En este campo, la aportación de algunas redes de nuevo desarrollo, conocidas como redes LPWAN (Low Power Wide Area Network), como LoRaWan o NB-IoT asegura la interconectividad con un coste asumible. A su vez, este despliegue de infraestructuras permitirá reducir la brecha digital existente entre el entorno urbano y el entorno rural.

Conceptos de ciberseguridad diseñados y probados en otros entornos, deben de ser una exigencia fundamental a la hora de implementar estas redes de transmisión de datos, así como de ejecución de órdenes en remoto.

En fases posteriores de la cadena de valor, como la fase industrial o de logística y distribución, la aplicación de conceptos y tecnologías IoT debe de suponer un avance para optimizar procesos, y monitorizar condiciones en el ciclo de vida de los alimentos evitando en la medida de lo posible la pérdida indebida de sus cualidades y propiedades, alargando su ciclo de vida, y mejorando la experiencia de clientes finales y consumidores.

Al hilo de esto último, será fundamental la monitorización de la experiencia de consumidor. En los últimos tiempos se está produciendo un cambio progresivo en los hábitos de consumo y en la manera en que los consumidores interaccionan con el mercado. Cada vez son más los que utilizan medios digitales para realizar sus compras y, aunque de manera más reciente, los productos de alimentación están entrando en ése ámbito, caso de Amazon y su oferta de productos frescos. Este cambio paulatino en la forma de relación entre consumidor y proveedor constituye una formidable oportunidad para la industria, ya que permite conocer a tiempo real el ritmo de consumos así como, y no es cuestión baladí, el grado de satisfacción de los consumidores.

Con este volumen ingente de datos estructurados, ahora sí, es cuando se podrán poner en marcha tecnologías de Big o Smart Data. Modelos históricos, predictivos e incluso prescriptivos, permitirán a los órganos de dirección y gestión de las compañías del sector tomar decisiones que les permitan ser más competitivos y diferenciarse en términos de valor respecto de sus competidores.

En definitiva, la profunda transformación que va a suponer la implementación de soluciones tecnológicas en las fases de la cadena de valor anteriormente mencionadas, provocará un cambio en la manera de gestionar el negocio y la relación con proveedores y consumidores. Para ello, solo tenemos que fijarnos en cómo la transformación digital ha supuesto un cambio de paradigma en negocios o sectores como el hotelero o el taxi, donde empresas como Airbnb o Uber, han hecho de la digitalización el medio para posicionarse como operadores de relevancia en un tiempo récord.

Emilio Herrera Rebollo

Emilio Herrera Rebollo, Director Comercial Grandes Cuentas IT&IoT de Wellness Telecom